Hay conversaciones que no deben quedarse en una idea o en una charla en una sala. Y esta fue una de las sensaciones que nos dejó “Monarcas”, un espacio para hablar de la migración de mujeres cuidadoras que, más que presentar una investigación, puso sobre la mesa algo urgente: el cuidado migra.
Para Andrea Londoño, directora de Hablemos de Trabajo Doméstico e invitada al evento, la metáfora con la mariposa es más que linda, contiene mucho dolor y da sobradas evidencias para poner al Cuidado como protagonista de políticas públicas.

Desde el inicio, Mónica Sandoval, directora ejecutiva de la Fundación Bien Humano, nos dejó planteada una idea clave que atravesó toda la conversación: Muchas mujeres migran para cuidar a sus familias, mientras sus propias familias encuentran cómo reorganizar el cuidado en su ausencia. El cuidado, entonces, no desaparece: se transforma, se desplaza y se redistribuye, siempre inequitativamente, siempre con dolor de por medio.
La investigación -impulsada por Bien Humano, financiada por GIZ Colombia y desarrollada por la Fundación Centro Internacional de Educación y Desarrollo Humano (CINDE), propone un concepto poderoso que ayuda a entenderlo mejor: El Sistema Extendido de Cuidado. A través de historias de mujeres del Valle de Aburrá que migran a España, nos conmovieron y nos mostraron cómo el cuidado opera como un sistema global, marcado por grandes desigualdades. No es solo una decisión individual: es una respuesta a estructuras económicas, sociales y simbólicas que empujan a las mujeres -las “monarcas” a sostener la vida, incluso en condiciones adversas. Es decir, lo hacen en medio de sistemas que todavía no terminan de reconocerlas.



Uno de los hallazgos más llamativo lo nombra sin rodeos: el cuidado puede operar como un sistema extractivo. Mientras en el norte global hay una creciente crisis de cuidado, países como Colombia sostienen esa demanda con trabajo -mayoritariamente femenino- que migra.

Y ese movimiento deja vacíos. Cuando una mujer se va, alguien más cuida: Otra mujer, muchas veces en la informalidad y muchas veces sin alternativas reales. Moverse no se da solo por motivaciones económicas: también están el deseo de una vida digna, la búsqueda de autonomía o la huida de contextos de violencia.
En ese contexto, el retorno cambia de significado. Volver no es fallar. Volver puede ser una forma de decidir sobre la propia vida. Un acto de soberanía. Otras, entre tanto, siguen en tránsito, buscando nuevos destinos que equilibren mejor sus expectativas de vida.
El cierre del evento dejó una imagen difícil de olvidar: una maleta, una cartilla y una mariposa.
El estudio no solo aporta evidencia; ofrece una invitación urgente: reconocer, valorar y transformar las condiciones en las que se cuida. Porque, al final, son estas vidas las que sostienen muchas otras. Lo que queda es una pregunta que no es menor: ¿Qué responsabilidades tienen los Estados y la sociedad frente a estos sistemas globales de cuidado?
Apreciamos la lectura de este artículo. Para mantenerte al día en todo lo que pasa en el trabajo doméstico, suscríbete a nuestro boletín digital La Casa en Orden.



