La suerte y el mérito tienen hoy al trabajo doméstico en Colombia en uno de esos “cuartos de hora” que cualquier causa necesita para avanzar. No obstante, tenemos que encausarlo bien, porque la inercia puede resultar perversa.
El año empezó de forma vertiginosa: Con las discusiones generales sobre el aumento desmedido del salario mínimo y con las preocupaciones específicas sobre su impacto en el trabajo doméstico y en sus aproximadamente 700.000 trabajadoras remuneradas del hogar.
Los canales de comunicación se han visto saturados de preguntas sobre cómo aplicar el incremento salarial en este subsector del cuidado; preguntas que vienen acompañadas de otras sobre cómo cambiar la modalidad de contratación, cómo disminuir el tiempo de vinculación y si existe algún resquicio legal para eludirlo (por fortuna no lo hay, y tampoco lo recomendaríamos).
En este sector, el 80 % de las trabajadoras sigue padeciendo la informalidad (25 puntos porcentuales por encima del promedio de todos los sectores), y el incremento del salario mínimo rige únicamente para los vínculos laborales formales. En el 20 % que sí cuenta con una relación laboral formalizada, nos preocupa la capacidad económica para asumir este aumento y, adicionalmente, la probable disminución de la empleabilidad.
Nunca antes tanta gente en este país había hablado tanto de los derechos de las trabajadoras domésticas. El subrayado hace la diferencia. Nunca antes se habían copado tantas columnas y minutos de noticieros con el trabajo doméstico como sector laboral, ni habíamos conocido públicamente visiones divergentes -incluso desde los propios sindicatos de trabajadoras domésticas- frente a una medida gubernamental.
El trabajo doméstico protagonista en las pantallas
El año nuevo nos trajo también el gozo de la serie María la Caprichosa, en Netflix, que nos da pie para afirmar que nunca antes habíamos hablado tanto, y tan abiertamente, de una producción audiovisual sobre el empleo doméstico, sus abusos y el infinito mundo que representa. A través del retrato de la vida de Pérxides María Roa Borja, lideresa del sector y protagonista de la historia, el debate adquiere una nueva dimensión. De nuevo: el subrayado hace la diferencia.

Desde la literatura y la sociología retomamos la idea de las transformaciones sociales que puede lograr la narrativa. Esta noción ha sido estudiada a partir de obras como Tom Sawyer y Las aventuras de Huckleberry Finn, de Mark Twain, escritas poco después de la abolición legal de la esclavitud en Estados Unidos. La academia señala que, aunque las leyes habían cambiado, los imaginarios y las jerarquías raciales persistían. Es ahí donde el arte se vuelve crucial para transformar la conciencia, y desde allí dar el paso hacia la transformación de la vida cotidiana, esto que tanto necesitamos dentro de las casas como lugares de trabajo. Subrayado.
Conoce la trayectoria del liderazgo de María Borja
Así como la literatura contribuyó a desmontar la mentalidad esclavista, sentimos que Colombia está hoy ante la oportunidad de mirar el trabajo doméstico y a quienes lo ejercen a través de la magia transformadora del arte audiovisual. Son reveladoras -y profundamente conmovedoras- las imágenes y los diálogos entre los esposos Pérxides (madre de María) y Manuel (padre); las conversaciones del padre tierno con su hija; las escenas de María como empleada frente a una primera empleadora inhumana y a una segunda, amable y considerada.
Se despliega ante nosotros una diversidad de formas de abuso -a veces sutiles, a veces descaradas-, la similitud de las problemáticas de empleadoras y empleadas frente al machismo, el lastre pesado de la pobreza, la falta de educación formal y la violencia persistente en Colombia; todo ello atravesado por la fuerza arrolladora de una lideresa sectorial cuya terquedad y convicción son calificadas como “capricho”, cuando en realidad constituyen el núcleo mismo de su vida.
En Colombia, hemos dedicado los últimos 15 años a equiparar los derechos del trabajo doméstico con los del resto de sectores, mediante leyes, decretos y reformas laborales. Fue necesario que el país conociera demandas infames, que la Corte Constitucional fallara a partir de casos inhumanos y que nos dijéramos, sin eufemismos, que esta es una de las estelas más vergonzosas que dejó la esclavitud.
Es improbable que una ley cubra la diversidad de tipologías de la oferta y la demanda en el mercado laboral del trabajo doméstico. Por eso, mientras encontramos paquetes de medidas o alternativas que garanticen la aplicación de los derechos laborales de quienes prestan estos servicios, el poder transformador queda en manos de la gente, en sus casas. En la casa donde todo comienza. En medio de los análisis que seguiremos haciendo sobre el aumento del salario mínimo, iluminemos la razón y el inconsciente con María la Caprichosa. Si Tom Sawyer ayudó a construir un país sin esclavitud, nuestra gran María Roa, inspiradora de esta serie, puede ayudarnos a “buscarle la vuelta a esto”, como dice María en su serie.
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