Durante años, el trabajo doméstico fue noticia, pero sin nombre propio ni titulares sonoros. Aparecía en escasos momentos coyunturales y esos márgenes motivaban una incipiente conversación como tema de interés nacional. También se mostraron estadísticas sueltas. Sin embargo, hubo periodistas que decidieron quedarse un poco más, escuchar mejor y contar lo que otros pasaban por alto. En ese gesto silencioso empezó a construirse una relación de confianza entre la prensa y un sector históricamente invisibilizado.

La cobertura del trabajo doméstico no fue una moda ni una tendencia pasajera. Fue, y sigue siendo, una tarea sostenida de denuncia, de explicación y de insistencia y esta palabra sí que ha sido clave para el trabajo doméstico. Los medios de comunicación han posibilitado señalar abusos, informalidad y desigualdades que durante décadas se aceptaron como parte de una cotidianidad, pero que lentamente se ha ido transformando ante -esa persistencia- con más titulares.

A través de notas, informes y entrevistas, los periodistas han permitido que la voz del sector se escuchara con más fuerza antes las miles de trabajadoras del hogar invisibilizadas. También aportó contexto, datos y voces para entender por qué el reconocimiento del trabajo doméstico es una deuda pendiente, continúa en el 80 % de informalidad. Sin ese interés de los medios por informar no se habrían posibilitado algunos cambios.

También el periodismo nos ha ayudado a mostrar el problema del trabajo doméstico como sector laboral, en el cual la norma no responde a todas las necesidades de los segmentos de la demanda, es decir, de empleadores.

Y por eso cuando hablamos de persistencia esta fue la que también posibilitó que se entrara en la agenda pública. Sin historias y titulares en pantallas, en la radio o en la prensa no sería lo mismo.

Vale la pena recordar qué pasó hace justo 10 años con la aprobación de la ley 1788 de 2016 o “Ley de prima para las empleadas domésticas“, tras los primeros debates empezó el interés por saber qué podría pasar, también por conocer la voz de las lideresas que impulsaban este cambio y después la tarea se ha mantenido para hacer la pedagogía recordando que es un pago clave. Lo vimos también con la reforma laboral en junio de 2025, con la cual tenemos aún mucho por enseñar y explicar para su cumplimiento

Un compromiso
Son muchas las preguntas que han circulado: quiénes son las empleadas domésticas, en qué condiciones trabajan, sus historias y también cuando es necesario hacer denuncia. Los periodistas no solo nos han acompañado con esas preguntas, también que nos han ayudado a que se discutieran en voz alta.

Nada de eso hubiera sido posible sin decisiones editoriales concretas. Cuando hemos pedido a directores y editores nos han aceptado meterle la ficha al trabajo doméstico, darle espacio, tiempo y relevancia. Nos han acompañado a una cobertura que no siempre garantizaba impacto inmediato, pero sí profundidad y sentido social.

Gracias a ese compromiso, muchas empleadas han accedido por primera vez a información clara y precisa para que el trabajo doméstico siga siendo importante. Muchas familias empleadoras entendieron mejor sus obligaciones. El periodismo ha funcionado como puente.

Desde la Fundación Hablemos de Trabajo Doméstico valoramos especialmente ese acompañamiento. Cada nota publicada ha sido una forma de respaldo, una manera de amplificar voces y de sostener una conversación necesaria. Si no fuera por los medios (de tradición e incluso los más pequeños) hoy no estaríamos teniendo conversaciones del impacto y éxito como el de la serie María la Caprichosa; o del salario mínimo, de denuncias y fallos de las Cortes. En otras palabras, los medios han posibilitado que las voces del trabajo doméstico sí tengan más potencia.

Lina Claudia Guarín Toro
Líder de Comunicaciones
Hablemos de Trabajo Doméstico


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