Si nos devolvemos a las décadas de los 60 y 70, el nombre de una empleada doméstica era famoso: Robotina, la trabajadora de Los Supersónicos. Para aquellos años, las escenas de la famosa serie animada parecían mostrar un futuro lejano. Hoy ya parecen estar más cerca de convertirse en una vivencia real en nuestros hogares.

Pero como todavía falta para que esto sea cotidiano, bien vale preguntarnos: ¿nos estamos preocupando porque la casa sea un buen lugar de trabajo para la empleada del hogar?

Robotina limpiaba, cocinaba, ordenaba y resolvía las tareas de la casa mientras los humanos se ocupaban de otras cosas. Y algunas de esas escenas ya empiezan a verse en la vida real, como lo muestran recientes videos difundidos en medios de comunicación sobre un robot humanoide, creado por una empresa de tecnología en San Francisco, Estados Unidos, que puede realizar tareas como limpiar sanitarios, sacudir, aspirar o trapear.

Y sí, no podemos desconocer estos avances de la tecnología. Es emocionante imaginar todo lo que podrá hacer en los próximos años. Pero nuestra realidad, al menos en países como Colombia, es que este trabajo todavía es realizado por personas.

En nuestro país, más de 700.000 personas se dedican al trabajo doméstico remunerado y el 92 % son mujeres. Aunque hemos avanzado, la informalidad sigue siendo una realidad que afecta a ocho de cada diez personas que realizan este trabajo.

Con las cifras reales
Por eso, mientras miramos hacia el futuro, tenemos que seguir con los pies en el presente. Para las personas empleadoras hay acciones concretas que están a nuestro alcance: acordar por escrito las condiciones de trabajo, pagar lo justo y a tiempo, reconocer las prestaciones, garantizar la seguridad social y las vacaciones.

Son acciones que ayudan a hacer de la casa un buen lugar de trabajo. Y para las trabajadoras del hogar también es importante contar con información que les permita conocer las condiciones de su trabajo.

No se necesita inteligencia artificial. Se necesita información, disposición y la decisión de contratar con todas las de la ley.

Todavía estamos a tiempo de cambiar otras cifras que hoy nos preocupan. Según el tablero digital Valor Doméstico, en 2025 solo el 24 % de las personas dedicadas al trabajo doméstico recibió cesantías y apenas el 23 % accedió a la prima.

Estos números no tienen por qué quedarse así. La pregunta es cómo logramos que, con información y acciones concretas, estas cifras empiecen a cambiar y cada vez más personas puedan acceder a las condiciones que les corresponden.

Tarea de los gobiernos
También hay una tarea para los gobiernos. Los sistemas de cuidado que se están consolidando a nivel nacional, departamental y local son una oportunidad para reconocer que las trabajadoras domésticas también hacen parte del cuidado.

Eso significa incluirlas en las conversaciones, en las políticas y en las acciones que buscan que cuidar sea una tarea mejor distribuida y que quienes trabajan cuidando y sosteniendo los hogares puedan hacerlo en mejores condiciones.

Quizás algún día Robotina pase definitivamente de ser el recuerdo de un personaje de televisión y los robots puedan encargarse de buena parte de las tareas de una casa. Ojalá esa tecnología ayude a que tengamos más tiempo para vivir, descansar y compartir. Pero no tenemos que esperar a que llegue ese futuro para transformar nuestros hogares.

Hoy podemos hacer algo mucho más sencillo y tangible: reconocer que detrás de cada tarea doméstica hay un trabajo que tiene valor y que detrás de cada empleada del hogar hay una persona que merece que su lugar de trabajo sea también un lugar digno, seguro y justo.

Los robots pueden estar aprendiendo a limpiar nuestras casas. Nosotros todavía tenemos mucho por aprender sobre cómo hacer de ellas mejores lugares para trabajar.


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