Evidencia y fe (creer sin ver) parecen antónimos, pero en los procesos sociales son interdependientes. Lo constaté en El Retiro, Antioquia, donde se oficializó la intención del municipio de tener un Sistema Municipal de Cuidado.

Supe por primera vez de los sistemas de cuidado en 2015, cuando Uruguay oficializó el suyo. Sentí envidia: quería uno en Colombia. Desde la Mesa Intersectorial de Economía del Cuidado impulsamos acciones para implementarlos, y en 2020 Bogotá ya tenía sus primeras Manzanas del Cuidado.

De nuevo envidiosa, olvidaba que a la siembra de la semilla le siguen la espera, la acción humana y el resultado sistémico de la naturaleza. Impaciente, quería ya un Sistema de Cuidado para Medellín, aunque otras lideresas paisas habían impulsado desde 2015 una Política para Personas Cuidadoras, teníamos una Política Pública para la Igualdad de Género (2018) y en 2020 había empezado el diseño de nuestro Sistema. Buena noticia: el Concejo acaba de aprobar el Proyecto de Acuerdo 108 de 2026, que lo adopta, presentado por la Secretaría de las Mujeres.

Con el movimiento de mujeres y la Gobernación también le caminamos al de Antioquia: en 2021 teníamos el Plan de Cuidado, raíz del Sistema Departamental, creado en 2024. Y le hacíamos barra a las mujeres que impulsaban el Sistema Nacional de Cuidado, creado en 2023.

Mientras tanto, sin que lo viéramos, se producía el contagio social, que asocio con la fe por el misterio de su dinámica. Hoy Colombia tiene más de 20 sistemas de cuidado con actos administrativos y muchos otros sistemas nacientes.

En el Primer Encuentro Regional del Cuidado y la compasión humana, organizado por la Alcaldía del Retiro, la Sociedad de Mejoras Publicas de el Retiro y la Universidad Pontificia Bolivariana el pasado 16 de octubre, oímos las experiencias de Medellín, Antioquia y La Ceja; y conversamos con gobernantes de La Ceja, Rionegro y El Retiro sobre cómo articularnos como Oriente Antioqueño para cruzar servicios, datos, buenas prácticas y capacidades.

También expusimos la evidencia: la subvaloración social y económica de los trabajos de cuidado se refleja en el 80 % de informalidad laboral de las trabajadoras domésticas en Colombia. Basta mirar la ENUT o las cifras de Valor Doméstico para entender por qué, cuando hablamos de pobreza, tenemos que hablar de trabajos de cuidado y de mujeres.

El viernes pude ver mi falta de fe al constatar que en Colombia pasan muchas cosas que no alcanzo a registrar. Solo estaba viendo el árbol y me faltaba el bosque con un movimiento social que, con disciplina, estudio y evidencias, viene sembrando un nuevo pilar de bienestar: sistemas de cuidado que redistribuyen el trabajo de cuidado entre Estado, mercado, comunidad y familias.

En el video, pueden ver el Conversatorio completo de esta jornada:

Texto escrito por Andrea Londoño Sánchez
Directora
Hablemos de Trabajo Doméstico