Por primera vez, seis organizaciones de trabajadoras domésticas fueron invitadas a participar en los espacios de concertación de las políticas salariales y laborales para 2027, incluida la discusión del salario mínimo. La noticia, anunciada por el Ministerio del Trabajo, abre una oportunidad importante para que las experiencias y propuestas de las empleadas del hogar tengan un lugar en las conversaciones que definen sus condiciones laborales. Es un paso que merece celebrarse, no solo por lo que representa hoy, sino por las posibilidades que abre para avanzar hacia un trabajo doméstico cada vez más reconocido y valorado.
Que las voces de las trabajadoras domésticas lleguen a estos espacios es fundamental. Quienes realizan estas labores conocen de primera mano las realidades del sector, sus necesidades y las dificultades que todavía persisten, pese a que en 2025 ya resaltábamos los avances con la reforma laboral. Ahora, esta participación permite que las decisiones se construyan con una comprensión más cercana de lo que ocurre en los hogares y no únicamente desde las cifras o las normas. Además, es una oportunidad para que temas como el salario justo, la formalización laboral y el acceso efectivo a la seguridad social ocupen un lugar central en la agenda pública.
Pero hay algo más que debemos preguntarnos: ¿Cómo hacemos para que estos avances también se reflejen en la vida cotidiana de los hogares? Porque el reconocimiento del trabajo doméstico no se construye solamente en las mesas de concertación, en las leyes o en las declaraciones de los gobiernos. También se consolida cada vez que una persona contrata a una trabajadora del hogar con todas las de la ley, comprende cómo debe pagarle y cumple con sus obligaciones laborales; y cada vez que una trabajadora conoce sus derechos y cuenta con información fundamentada (y no con el instalado imaginario de “me contaron”) para hacerlos valer. Es allí donde los avances institucionales pueden empezar a transformar las relaciones laborales en casa.


Para lograrlo, necesitamos que hacer las cosas bien sea cada vez más sencillo. Muchas personas que contratan trabajo doméstico tienen preguntas sobre el salario justo, la seguridad social, la entrega de beneficios como la prima y las cesantías con sus intereses, los contratos por escrito y cuáles son las condiciones del trabajo por días. Tener dudas no debería convertirse en una barrera para formalizar. Por eso, iniciativas como las herramientas de orientación, los modelos de contrato, las calculadoras de pagos y los mecanismos que faciliten la afiliación y el pago de aportes a la seguridad social pueden marcar una diferencia importante. El Ministerio del Trabajo anunció avances en esta dirección, y el reto será convertirlos en soluciones claras, accesibles y útiles para quienes las necesitan.
Al mismo tiempo, necesitamos que la información llegue a las trabajadoras domésticas de manera cercana y comprensible. Conocer qué corresponde por salario, jornada, vacaciones, prima, cesantías y seguridad social permite tomar decisiones informadas y reconocer cuándo una relación laboral se desarrolla en condiciones adecuadas. Esta información debe circular por distintos canales, adaptarse a las realidades y tener en cuenta que informar no es solamente publicar una norma: es ayudar a comprender qué significa y cómo llevarla a la práctica.
El camino también requiere entender que la formalización no depende de una sola de las partes. Las empleadoras necesitan orientación y herramientas que les permitan cumplir sus obligaciones con facilidad y claridad, mientras que las trabajadoras necesitan información, espacios de participación y condiciones para conocer y ejercer sus derechos. A esto deben sumarse instituciones que acompañen, resuelvan dudas y hagan seguimiento al cumplimiento de la legislación. Cuando cada actor tiene un papel claro y existen rutas sencillas para actuar, contratar con todas las de la ley puede dejar de percibirse como un proceso complicado y convertirse en una práctica habitual en los hogares. La pedagogía, la orientación y el acompañamiento son aliados esenciales de ese cambio.
La invitación a participar en la concertación salarial de 2027 es, entonces, una oportunidad para avanzar en dos frentes que se necesitan mutuamente: escuchar a las trabajadoras domésticas en los espacios donde se toman decisiones y crear condiciones para que esas decisiones se traduzcan en cambios concretos. Desde Hablemos de Trabajo Doméstico creemos que el reconocimiento de este sector también se construye con información, muchísima pedagogía y herramientas que acerquen a empleadoras y trabajadoras. Anhelamos que llegue ese sentimiento de ver que hacer las cosas bien en los hogares es cada vez más fácil.
Consulta aquí el comunicado del Ministerio del Trabajo, tras la reunión.
Fotos: Cortesía Ministerio del Trabajo


